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Catholic Stewardship Appeal Catholic Stewardship Appeal - Answering Prayers.
 
Arzobispo Listecki

Colecta para la Administración Católica

Homilía 2010
13-14 de febrero de 2010

Saben, parece irónico que empezamos el domingo de nuestra Colecta para la Administración Católica diciendo bienaventurados son los "pobres". Sin embargo, identificar nuestra propia pobreza de espíritu es lo que nos permite comprender nuestra gran dependencia en Dios. Necesitamos a Dios. Hola, les habla el Arzobispo Jerónimo Listecki.

El profeta Jeremías dice: "Bendito el que confía en Yavé, y que en él pone su esperanza".

He tenido el privilegio de acompañar a varias personas durante sus últimos meses de vida. A medida de que uno pierde más y más cosas materiales, el enfoque de lo que es realmente importante empieza a verse muy claramente.

Un señor, a quien acompañé durante sus últimos meses de vida, se había alejado de la Iglesia por varios años. Él había alcanzado el éxito financieramente; tenía un buen matrimonio y había recibido la bendición de tener hijos.

Sin embargo, era el tipo de hombre que había alcanzado todo por sus propios esfuerzos. Su relación con la fe era ir solamente a la Misa de Navidad y de la Pascua. Era generoso con varias obras de caridad, pero no veía la conexión entre sus esfuerzos y su responsabilidad hacia sus hermanos y hermanas en Cristo. El había alcanzado el éxito sin la ayuda de nadie.

Luego, fue diagnosticado con cáncer avanzado en los huesos, probablemente tenía solamente año y medio de vida. Inmediatamente empezó a poner su vida en orden, asegurándose de que su familia estuviera financieramente segura, y que todos sus asuntos de negocios quedaran arreglados.

Sin embargo, lo que le faltaba era su relación con Dios. De alguna manera, me confesó, tratar de mejorar su relación con Dios a este punto de su vida parecía realmente hipócrita. Me dijo que había abandonado a Dios hace muchos años y ahora él lo necesitaba. ¿No se reirá Dios al escuchar esta plegaria patética?

Le dije inmediatamente que aunque él había abandonado a Dios, Dios nunca lo había abandonado a él.

Él había experimentado "una pobreza de espíritu", reconociendo que necesitaba a Dios, quien era la fuente y fortaleza de todas sus relaciones y logros. Lo único que tenía que hacer era abrir su corazón a la reconciliación, recibir el Espíritu, participar en la Misa de los domingos y orar.

El reconcilió su vida a través de la confesión de sus pecados; esta persona que no había ido a la Misa dominical, ahora no solamente asistía los domingos sino todos los días, a pesar del dolor que tenía que soportar debido al cáncer. Él oraba a diario, y estaba convencido de cuán importante era que los jóvenes aprendieran sobre la fe, al punto que su oración le motivó a compartir sus riquezas con la escuela católica parroquial, para que los jóvenes estudiantes pudieran conocer y celebrar a Jesucristo. El director de la escuela expresó que él había respondido a sus oraciones.

Él, por otra parte, sentía que Dios estaba respondiendo a sus plegarias. Veía a Dios en todo lo que le rodeaba. Yo tenía un dicho que compartí con él "Escucha los susurros de Dios".

Ahora con su nueva visión de la presencia de Dios, se daba cuenta de que Dios no estaba simplemente susurrándole, sino que escuchaba a Dios con voz muy alta y clara - reconociendo la presencia de Dios en todos y en todo lo que le rodeaba.

Sí se arrepentía de algo y era que le hubiese tomado tanto tiempo para abrirse a la presencia de Dios en su vida. Se parecía mucho al gran San Agustín, quien después de su conversión expresó el mismo sentimiento cuando lamentó "Cuán tarde te he conocido".

Él me hizo prometerle que haría todo lo posible como sacerdote para animar a las personas a conocer a Dios, porque eso es lo más importante. Cuando entregó su espíritu a Dios, estaba entregando su última posesión material al Señor, quien sabía le amaba más allá de lo que pudiera imaginarse. Él vació su vida por su amor a Cristo; ahora sí era realmente rico.

Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios. En la Colecta para la Administración tenemos la oportunidad para demostrar nuestra confianza en Dios.

No hay duda de que estos son tiempos difíciles económicamente, pero es en estos momentos que afirmamos nuestra relación con Cristo y Su Iglesia a través de nuestro donativo a la Colecta para la Administración Católica.

Por medio de la Colecta, los futuros sacerdotes y diáconos son educados y formados para servir la vida sacramental de nuestra comunidad; los ministros laicos son preparados para servir a nuestras parroquias en varios roles pastorales definidos; Caridades Católicas asiste a los pobres y abandonados, teniendo en cuenta los principios sociales católicos; nuestros jóvenes son formados y educados a través de nuestras escuelas católicas y la formación religiosa; y ayudamos a todas nuestras parroquias por medio de las oficinas arquidiocesanas.

Nuestra dependencia en Dios es lo que nos motiva a recurrir a nuestros recursos para que podamos representar las bendiciones que hemos recibido de Dios como una manera para declarar la importancia de la relación de Dios en nuestras vidas y las vidas de nuestros hermanos y hermanas.

Por medio de su donativo, nuestros hermanos y hermanas conocerán al Señor en los ministerios y servicios ofrecidos por quienes reciben su apoyo. Usted será la respuesta a sus plegarias. Su generosidad construirá la Iglesia de Dios.

Al igual que San Pablo, nosotros predicamos un Cristo resucitado cuya vida fue redimida por nuestros pecados y cuya resurrección nos ofrece una vida en su amor para siempre.

Les prometo, como arzobispo, escuchar esas plegarias y juntos, con su apoyo, responder esas plegarias y construir el Cuerpo de Cristo y Su Iglesia.

Nos vemos en Misa. ¡Ay! Se me olvidaba que ustedes están probablemente escuchando este mensaje durante la Misa. Por ahora, me alegra saber que están allí, ¡bienaventurados son ustedes los pobres!


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